El fin
Una noche oscura, en una calle oscura, él se dirigía a toda prisa a un lugar oscuro.
Él, ni muy alto ni muy bajito, pelirrojo y sus ojos azules, giró la calle a toda prisa, escapando de sus perseguidores.
Se agachó en una reja y le dió un estirón tan fuerte al abrigo que lo desgarró.
-¡Detente!- le gritaban desde lejos.
-¡No me detendréis!
Entre su camisa y su chaqueta, escondía un cofre, y en su interior contenia escondía un arma muy letal, una especie de bomba capaz de destruir una ciudad.
-¡Tu no lo entiendes!¡No sabes lo que podría pasar!
-Sí. Sí que lo sé. ¡Por eso hay que destruirlo!
-No lo hagas Samuel ¡Hazlo por tu familia!
Samuel paró en seco.
-¿Por que piensas que lo hago?
Samuel continuó corriendo y volvió a girar otra calle.
-¡No entiendes que si lo tiras al mar podrías provocar una ola gigante?
-Prefiero intentarlo...
Samuel continuó corriendo y volvió a girar una, dos, y hasta tres esquinas cuando porfin vió el muelle.
Tropezó.
Con esas simples palabras describo lo que pasó a continuación.
Con un insignificante tropiezo sucedió todo.
Samuel exclamo un grito aterrador.
Se le engancho el pie en una red del embarcadero y a continuación...
calló.
Se escucho un ruido metálico retumbar en el suelo y de pronto...
Ocurrió lo que esperaba.
Un rayo de color amarillo estalló en el cielo y después solo oscuridad.
Gritos estremecedores se escucharon por todas partes y después,
nada más.
J.A.G
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